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En la década de los 90 hubo un atleta que dominó su disciplina con una autoridad que pocas veces se ha repetido en la historia del deporte. Estamos hablando del afroamericano nacido en Dallas (Texas), Michael Johnson, leyenda viva del atletismo y especialmente de sus dos especialidades: los 200m y 400m lisos.

Su carrera en la alta competición se forjó a lo largo de los 90 pero no fue hasta el Campeonato Mundial de Gotemburgo que consiguió el oro en las pruebas de 200m y 400m,  con unos tiempos de 43,39 y 19,79 respectivamente, convirtiéndose en el primer atleta en conseguir un doblete de tales características. El dominio absoluto que demostró lo convirtieron en el número 1 y su actuación vaticinaba un gran papel en los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996.

Los Juegos de Atlanta vinieron precedidos por la polémica que suscitó el  anuncio televisivo de Nike, la imagen de sacrificio hasta el límite que se vendía en el spot, las secuencias donde los vómitos y la sangre salpicaban la cámara, chocaron con la imagen que pretendía transmitir la Comisión Olímpica Internancional (COI). Algunos medios criticaron la falta de valores deportivos de la compañia en contra del espíritu de hermandad que debe desprenderse de los JJ.OO. Se escribieron muchas línias al respecto,  y la popularidad de la firma deportiva bajó un escalón, pero pocos podían imaginarse la arriesgada jugada que Nike tenía en mente.

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Michael Johnson tenía todas las papeletas para convertirse en la estrella de Atlanta ’96 y Nike, patrocinador del atleta, apostó fuerte. Diseñó unas zapatillas con un acabado dorado, parecía que se hubieran bañado en oro, nunca antes se había hecho algo parecido, brillaban con luz propia.

El atleta cumplió con creces su cometido, primero ganó los 400m con un tiempo de 43,49, y pocos días después, en la prueba de los 200m protagonizó una de las finales más espectaculares de la historia, ganando con un tiempo de 19,32 y consiguiendo la plusmarca mundial, batida doce años después, en Pequín ’08, por una brillante carrera de Ussain Bolt, reduciendo la marca en dos centésimas.

Michael Johnson se convirtió en un mito, y las imágenes del atleta corriendo con sus zapatillas doradas dieron la vuelta al mundo. El llamativo diseño se convirtió en un símbolo de la victorias de Johnson, incluso en la portada de Time, las zapatillas doradas aparecían colgadas del cuello del atleta compartiendo espacio con las dos medallas. Nike se convirtió en la firma deportiva referente y asoció su imagen, bañada en oro, a toda una leyenda. Las zapatillas nunca se produjeron en serie, ni tampoco se les puso nombre, pero su silueta quedó grabada en las mentes de medio mundo.

Esta es la historia de una leyenda del deporte y de la sorprendente capacidad de su patrocinador para conseguir que de las zapatillas que lo acompañaron se convirtieran en todo un icono del éxito deportivo.

El éxito de la campaña orquestada por Nike es considerada todo un ejemplo de márketing, en detrimiento de Reebok, patrocinador oficial de Atlanta ’96.

  Escrito por Cordons Negres   Añadir a favoritos el permalink.

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